No se haga la oscuridad tan para adentro...

“En el reino de la mentira y de las tinieblas, 
por entre esclavos hipócritas, 
ellos han pasado como las antorchas del porvenir”
Un poema de Lenin – Roque Dalton.


A esas antorchas del porvenir...


No se haga la oscuridad tan para adentro
que nos tiña de sombras el corazón.

La tierra solo puede ser
de la sangre derramada y del sudor,
de la decisión insumisa y hereje
de ponerse del lado de las que son
(en femenino, por supuesto,
la Historia traerá a cada cual su sitio).
Son, de ser como esencia de la vida
que planta cara y combate
a quien quita y quien pretende
ser por voluntad divina,
ser de más, claro,
que no hay actitud más mezquina.

Sea yo culpable de brujería,
que me resisto a que el beneficio
de hipócritas de sorna evidente
me quite mi trocito de futuro.
Que me tomen por demente
por escupir a sus mentiras
de tronco retorcido
verdades de pueblo y vida,
mayúsculas verdades...
mientras conserve
mis manos para escribir, mi lengua para decir,
y, para morder, mis dientes.

Y mientras queden ríos manchados
del rojo de la sangre de compañerxs,
sangre iluminando como antorchas
el camino recorrido,
por mucho que nos lo intenten ocultar
los rapiñeros de la otra trinchera,
es nuestra obligación tomar partido.
Es nuestra obligación a gritos
armarnos para el combate,
romper la brecha impuesta
por la injusta división en clases,
dirigir nuestro destino de compañeras y compañeros,
y luchar por lxs que lucharon,
porque son nuestros sus motivos
de desposeídas y desposeídos.

Por ser libres en el camino de ser libres...
La razón: el pueblo.