[Cine Crítico] La batalla de Chile

Contexto histórico en la década de los 70

Comienzo de la Crisis del Petróleo, a raíz de la decisión de la Organización de los Países Exportadores de Petróleo (que agrupaba a los países árabes miembros de la OPEP más Egipto y Siria e Irán), de no exportar más petróleo a los países que habían apoyado a Israel durante la guerra del Yom Kipur, que enfrentó a Israel con Siria y Egipto. Esta medida incluía a Estados Unidos y a sus aliados de Europa Occidental. El precio del crudo se triplica, afectando seriamente a la industria de los países desarrollados, generando desempleo y recesión. Cambian, entonces, las políticas de los gobiernos del bloque capitalista, que abandonan el Estado de Bienestar. Comienza así la denominada Reacción Conservadora o Neoliberal. Comienzan también los préstamos a los países del Tercer Mundo, dando origen a las Deudas Externas.

Para estas fechas no se habían concretado las esperanzas de terminar con el colonialismo finalizando el período con el fracaso del protectorado británico en Egipto (1954) que sienta las bases de la Crisis de Suez (1956), el comienzo de la guerra de Argelia (1954) y la derrota francesa en la primera parte de la Guerra de Indochina (también 1954). Como consecuencia, las décadas del 60 y 70 viven una ola mundial de luchas independentistas de "liberación nacional" en Asia y África, que encontraron gran resistencia de las revitalizadas potencias neocolonialistas europeas apoyadas o lideradas por Estados Unidos en el contexto de la Guerra Fría, de acuerdo a la Doctrina Truman.

Simultáneamente en América Latina las fuerzas políticas orientadas a promover cambios sociales adoptaron programas de liberación nacional, abiertamente antiimperialistas. La expresión histórica de estas fuerzas, puede dividirse en dos etapas, con dos tipos de gobierno característicos: La primera etapa se inscribe en lo que se denomina el populismo latinoamericano (décadas de 1940 y 1950). Posteriormente, con la irrupción de la Revolución Cubana (1958-1959) y la enorme influencia de sus líderes Fidel Castro y Ernesto Che Guevara en todo el continente, los movimientos antiimperialistas en Latinoamérica comenzaron a adquirir un cariz cada vez más influido por el comunismo y por la idea de lucha armada revolucionaria (entre las guerrillas más insignes que aparecieron en esta etapa, se pueden contar la Guerrilla de Ñancahuazú en Bolivia, las FARC y el ELN colombianos, el FSLN nicaragüense, los Montoneros y el ERP argentinos, el MIR chileno y los Tupamaros uruguayos), y en paralelo comenzaron a proliferar las dictaduras militares por todo el continente bajo el influjo de la Doctrina de la Seguridad Nacional. En este contexto se abre la segunda etapa de gobiernos antiimperialistas en América Latina, entre fines de la década de 1960 y principios de la década de 1980, que se caracterizaron por ser dictaduras militares "excepcionales", que rompían la regla habitual de alineamiento con EE.UU. y llevaban adelante una política nacionalista y populista. También en ese mismo período coexistieron dos gobiernos antiimperialistas democráticos: el del socialista Salvador Allende en Chile (1970-1973) y la tercera presidencia de Perón en Argentina (1973-1974), y a su vez se dio el triunfo de la Revolución Nicaragüense, de inspiración marxista-leninista, dirigida por el Frente Sandinista de Liberación Nacional, que gobernaría Nicaragua entre 1979 y 1990. En todos los casos Estados Unidos se opuso activamente a estas experiencias, apoyando a los sectores más conservadores y promoviendo dictaduras militares que implementaron violaciones masivas de derechos humanos y guerras sucias.

Hay que mencionar la Operación Cóndor o Plan Cóndor, nombre con el que es conocido el plan de coordinación de operaciones entre las cúpulas de los regímenes dictatoriales del Cono Sur de América -Chile, Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia- con la CIA de los EE.UU., llevado a cabo en las décadas de 1970 y 1980. El Plan Cóndor se constituyó en una organización clandestina internacional para la práctica del terrorismo de Estado que instrumentó el asesinato y desaparición de decenas de miles de opositores a las mencionadas dictaduras, la mayoría de ellos pertenecientes a movimientos de la izquierda política.

Todos estos procesos de liberación nacional contra el colonialismo y el neocolonialismo en Asia, África y América Latina confluyeron en la aparición del Tercer Mundo como una fuerza activa en el panorama internacional, buscando tomar distancia de los dos bloques que disputaban la Guerra Fría. El antiimperialismo constituyó uno de los fundamentos del pensamiento tercermundista.

La película. Los hechos

Marta Harnecker, autora marxista-leninista y socióloga chilena, quien posteriormente, en el exilio cubano, sería asesora ideológica y política durante el montaje de la película, escribe en el prólogo al libro “Guión y método de trabajo de la Batalla de Chile” editado en 1977 y escrito por su director, cuando aún no ha sido filmada la tercera de las tres partes que constituyen el film: Patricio Guzmán tiene el mérito, único en la historia del cine, de haber filmado paso a paso, con una extraña intuición premonitoria, la agonía de una experiencia política revolucionaria que conmovió al mundo, al presentarse co­mo una experiencia sui generis de tránsito al socialismo. El film "La Batalla de Chile: la lucha de un pueblo sin armas”, resume brevemente ésta, la fundamental lección del proceso chileno. No basta una correlación favorable de fuerzas sociales para que un proceso revolucionario triunfe. Si ésta no va acompañada de una correlación favorable en el terreno militar, la voz de los cañones enemigos termina por imponerse. Si las experiencias foquistas en América Latina nos enseñaron, a costa de la vida de un número muy grande de heroicos combatientes, que las armas no bastan para hacer la revolución si no cuenta con el apoyo del pueblo, la experiencia chilena nos ha enseñado, a costa de la vida, la prisión y la tortura de millares de sus hijos, que un pueblo sin armas tampoco puede hacerla. La vía pacífica no puede ser entendida como la vía "no armada”, de la misma manera que la distensión no puede ser entendida como la renuncia del campo socialista a asegurar militarmente la defensa de sus conquistas. La vía pacífica es la vía que no usa la violencia armada porque las armas están de su lado, porque la correlación de fuerzas militares y no sólo sociales, es muy superior a la del enemigo. Sólo un pueblo armado puede evitarse el enfrentamiento armado. Y, por lo tanto, paradójicamente, dialécticamente, no habrá vía pacífica si no se prepara al pueblo para la vía armada.

El escenario político lo define el mismo Patricio Guzmán en carta de noviembre de 1972 dirigida a Chris Marker, director de cine francés a quien se atribuye la invención del ensayo fílmico y que le facilitaría el material para la filmación: En este SEGUNDO AÑO Y TERCER AÑO del Gobierno Popular, la burguesía ha utilizado la prensa, ha utilizado a los Tribunales, ha utilizado el Parlamento acusando constitucionalmente a los ministros obreros, ha movilizado a las capas medias, ha pretendido paralizar al país llamando a sus filas a profesionales y técnicos, a los pequeños comerciantes, a los transportistas. Ha sacado a las masas a la calle. Instruye y utiliza guardias blancos. Por su parte, las masas, los trabajadores del campo y la ciudad, han comprendido dónde está su enemigo. Exigen a sus directivas políticas avanzar con MANO FIRME. Se organizan en todos los lugares, se crean gérme­nes de poder popular a lo largo de todo Chile.

Respecto a la forma cinematográfica estas son algunas de las reflexiones del equipo previas a la filmación: Hemos iniciado la filmación el día 20 de febrero de 1973. Durante quince días hemos salido a filmar acontecimientos inmediatos sin haber hecho un análisis a fondo de la metodología a seguir. Ahora, sin embargo, hemos realizado una serie de reuniones con el propósito de sistematizar esas experiencias y buscar un método tentativo de trabajo para el futuro. Y encuentran una respuesta en el artículo de Julio García Espinosa, cineasta cubano, fundador del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), "Por un Cine Imperfecto" y este el párrafo que más les llama la atención: Un cine al servicio de la Revolución... "exige, sobre todo, mostrar el proceso de los problemas. Es decir, lo contrario de un cine que se dedique fundamentalmente a celebrar los resultados. Lo contrario a un cine autosuficiente y contemplativo. Lo contrario a un cine que 'ilustre bellamente' las ideas o conceptos que ya poseemos. Mostrar un proceso no es precisamente analizarlo. Analizar, en el sentido tradicional de la palabra, implica siempre un juicio previo, cerrado. Analizar un problema es mostrar el problema (no su proceso) impregnado de juicios que genera a priori el propio análisis. Analizar es bloquear de antemano las posibilidades de análisis del interlocutor. Mostrar el proceso de un problema es someterlo a juicio sin emitir el fallo. Hay un tipo de periodismo que consiste en dar el comentario más que la noticia. Hay otro tipo de periodismo que consiste en dar las noticias pero valorizándolas mediante el montaje o la compaginación del periódico. Mostrar el proceso de un problema es como mostrar el desarrollo propio de la noticia, es como mostrar el desarrollo pluralista —sin valorizarlo— de una información. Lo subjetivo es la selección del problema condicionada por el interés del destinatario, que es el sujeto. Lo objetivo sería mostrar el proceso, que es el objeto". Y concluyen que la interpretación de la realidad quede sujeta a los tres nive­les donde se da la lucha de clases, a saber: A. La lucha económica B. La lucha ideológica C. La lucha política: Nuestra película estaría basada, pues, en estos tres grandes hitos que están contenidos en la realidad. Los temas fundamentales de todo el film serán los diferentes tipos de lucha de clases, cuyas definiciones generales son: "A. La lucha económica es el enfrentamiento que se produce entre las clases antagónicas a nivel de la estructura económica. Este enfrentamiento se caracteriza por la resistencia que oponen a este nivel las clases explotadas a las clases explotadoras. B. La lucha ideológica es la lucha entre la ideología de la clase explotada contra la ideología de la clase explotadora. En la sociedad capitalista esta lucha es la lucha entre la ideología burguesa y todas sus formas de manifestación, y la ideología proletaria basada en la teoría marxista de la historia. C. La lucha política es el enfrentamiento que se produce entre las clases en su lucha por el poder político, es decir, en la lucha por hacer suyo el poder del Estado."

En el debate en la Quincena de los Realizadores del Festival de Cannes de 1976 aclara Patricio Guzmán al presentar la IIª parte, que luego sería premiada (la Iª lo había sido en la misma Quincena del año anterior): Este es el punto central de El golpe de Estado...Hubo dos estrategias, dos modos de encarar el problema... Por una parte, un sector de la Unidad Popular encabezado por el Partido Comunista, desarrolla lo que podríamos llamar estrategia del frente, del frente antifascista. Esta posición desea afianzar la imagen constitucional del gobierno, demostrar a los altos mandos de las fuerzas armadas, que no se desea, no se busca, rom­per con el aparato de estado, sino conservarlo y proseguir efectuando los cambios sociales utilizando ese aparato de estado. Esta posición busca el apoyo del sector constitucio­nalista de las fuerzas armadas (Prats, Pickering. Sepúlveda y otros generales y almirantes) de manera de poder contro­lar a los militares desde arriba, es decir, dividir al ejército verticalmente. Controlar desde los altos mandos hacia aba­jo y neutralizar así a la gran mayoría de los mandos me­dios que son fascistas en ese momento. .Resumiendo, para este sector de la Unidad Popular se trata de construir un frente patriótico para evitar la guerra civil. Este sector desea evitar un enfrentamiento armado con la derecha, pues considera que la correlación de fuer­zas es desfavorable para el gobierno...

...La otra estrategia está encabezada por el Partido So­cialista. Esta estrategia plantea que el enfrentamiento ar­mado con la derecha es inevitable, es decir, ya no se puede impedir, que es algo completamente inminente, y puesto que es así, plantea que no queda otra alternativa que pre­parar al pueblo para esta guerra civil. Esta estrategia desea apoyar todas las coyunturas de movilización popular, espe­cialmente las ocupaciones de fábricas, y en la organización naciente de los cordones industriales, que son una especie de territorios industriales controlados por la izquierda... Esta posición plantea también apoyarse en los altos man­dos de las fuerzas armadas, pero también lanza una campa­ña al interior de los cuarteles, con el fin de hacer un llama­do a los suboficiales, clases y soldados, para que desobedez­can las órdenes de los oficiales golpistas. Se quiere de esta manera dividir al ejército horizontalmente, de una forma complementaria... Esta posición cuenta con el respaldo del MIR, que desde fuera de la Unidad Popular, la hace más radical, sobre todo en la cuestión armada. El MIR llama incluso a la formación de un ejército del pueblo, formado por militares antigolpistas y por trabajadores... Nosotros íbamos a jugar el papel de testigos, filmando esa situación histórica que hoy se vuelve una lección de historia. Nunca nos propusimos hacer un film de agitación, sino de análisis.

Patricio Guzmán había recordado: Ninguno de los cinco habíamos leído nunca nada de Dziga Vertov* ni tampoco teníamos conocimiento de los ex­perimentos de cine directo que se hacían en Europa; lo único que teníamos en nuestras manos era el artículo «Por un cine imperfecto» de Julio García Espinosa. Habíamos visto Calcut­ta, de Louis Malle, y habíamos leído otros artículos de docu­mentalistas, como Pastor Vega, por ejemplo, en la revista Cine Cubano. Con sólo esas herramientas teóricas empezamos el trabajo que daría lugar a La batalla de Chile. Un trabajo hecho sobre bases absolutamente pragmáticas. Era lo único que sa­bíamos y lo único que podíamos hacer. Según Patricio Guzmán, la filmación debía «aprovechar el contra­punto permanente entre las acciones visibles de la izquierda y las acciones visibles de la derecha». En ese momento nadie podía predecir cuál iba a ser la evolución de la lucha política, pero todo presuponía dos alternativas: guerra civil o golpe de estado. En cualquiera de los dos casos, el Equipo Tercer Año debería continuar registrando...

Una vez determinado que «el periodo de filmación no tie­ne fecha ni término previsible», la filmación en las calles de Santiago implicó para cada uno el mismo (o mayor) riesgo que corría cualquier ciudadano. Sólo el golpe de estado el 11 de setiembre de ese año interrumpió la filmación. Que el ries­go físico era cierto, lo supieron por experiencia propia y ajena. La ajena fue la más terrible y constituye uno de los mo­mentos más dramáticos de la película: el asesinato del camarógrafo argentino Leonardo Henrichsen que filmaba para la TV sueca. Había puesto en foco al soldado cuando éste le apuntó y se mantuvo firme hasta que recibió el balazo. La propia consistió en un breve pero an­gustioso secuestro del Equipo en agosto de 1973, y a 15 kiló­metros de Santiago, por un grupo de «guardias blancos» que protegían a los camioneros en huelga a quienes ellos intenta­ban filmar. Gran parte del equipo fue encarcelado. De los seis, cuatro sufrieron reclusión. Patricio Guzmán estuvo detenido 15 días en el Estadio Nacional de Santiago, fue interrogado y sometido a dos simulacros de fusilamiento. Jorge Müller, el camarógrafo del equipo (frente a un entrevistado su capacidad de observación era asombrosa: tres primeros planos del personaje y su personalidad ya estaba definida), fue detenido el 29 de noviembre de 1974 conjuntamente con su compañera, la actriz Carmen Bueno... Ella fue asesinada por los agentes de la DINA algunos meses más tarde, y su nombre figuró entre los "desaparecidos" que el gobierno de Pinochet difundió fuera de Chile. En un informe del gobierno militar chileno entregado a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU en noviembre de 1975, que intentaba demostrar que las denuncias sobre la desaparición de prisioneros políticos y las violaciones a los derechos humanos en Chile eran falsas y mal intencionadas, aparecía una lista de setenta personas que habían sido denunciadas como desaparecidas, las cuales no tendrían existencia legal. Entre ellas figuraba el nombre de Jorge Müller.

En los Estados Unidos, el presidente Richard Nixon había convertido en causa personal la destruc­ción del experimento socialista, y la C.I.A., la I.T.T., la Emba­jada y los demás recursos oficiales y clandestinos del país más poderoso del mundo se asociaron con los grupos de interés chilenos en una escalada anti-democrática que tiene pocos pa­rangones en la historia.

El golpe de estado interrumpió la filmación. La película, sin embargo, quedó escondida y a salvo. Me­diante el concurso de varias personas, las latas de la «futura» Batalla de Chile salieron del país. Una vez libre, Patricio Guzmán via­jó a París, sintiéndose «obligado» por la ayuda que le había prestado Marker, pero pronto supo que no conseguiría en Francia el dinero necesario para procesar y editar la película. De paso por París en 1974, Alfredo Guevara, que dirigía el ICAIC en Cuba, le ofreció la ayuda del Instituto cinemato­gráfico, y Patricio Guzmán decidió aceptarla. En Cuba reencontró a otro exiliado: Pedro Chaskel, quien haría un admirable trabajo como montajista. Con el asesora­miento de Marta Harnecker y Julio García Espinosa, y ante todo el larguísimo y paciente trabajo de Guzmán y Chaskel en el cuarto de montaje, la película comenzó a formarse a par­tir de un conjunto extraordinario de material filmado que debían no sólo poner en orden, sino crearle un orden, convertirlo en relato. En este sentido, importa considerar lo que el propio Guzmán señaló sobre las condiciones en que La batalla de Chile comenzó a gestarse, no ya en las calles de Chile o en un estu­dio de París, sino en el cuarto de edición del ICAIC, en Cuba y dentro del contexto de la Revolución cubana. La que hoy conocemos como La batalla de Chile habría sido diferente de haberse montado en otro país: «Si hubiésemos terminado la película en Amsterdam, en París o en Venezuela hubiera sido una película muy inferior a los resultados conseguidos. Por­que ella se debe también a la influencia que la Revolución cubana ha tenido en nosotros.»

Lo que había filma­do en 16 milímetros el «Equipo Tercer Año», a lo largo y ancho de aquellos mil días, una vez fuera del país y montado duran­te meses y años, formó una trilogía** inolvidable, una de las películas más poderosas del siglo XX: La batalla de Chile. Su di­rector, Patricio Guzmán, alguna vez había recordado que «un país, una región, una ciudad, que no tiene cine documental, es como una familia sin álbum de fotografías». Durante dieci­siete años, mientras los militares ocupaban su propio país con la fuerza de las bayonetas, la magnitud de su crimen comen­zó a ocupar las pupilas de miles de espectadores de cine. A esos espectadores La batalla de Chile les permitía compren­der la dinámica interna de un país que había comenzado a darles futuro a sus jóvenes y presente a los más necesitados, nacionalizando las riquezas nacionales cuando la ruptura ins­titucional del 11 de setiembre de 1973 clausuró las salidas. En las salas de cine o en los festivales de muchos países, La bata­lla de Chile se convirtió en el «álbum» familiar de Chile corres­pondiente a su convulsionado período de esperanza.

*Director de cine vanguardista soviético, autor de obras experimentales, como “El hombre con la cámara” (1929), que revolucionaron el género documental.

** La Batalla de Chile I: La insurrección de la Burguesía.- Descripción de las acciones que llevó a cabo el imperialismo y la burguesía en contra de las fuerzas populares chilenas. Derecha e izquierda se agitan en las calles antes y después de las elecciones parlamentarias. Políticos, militantes, simples ciudadanos, manifiestan y opinan, y el filme proporciona una crónica directa y vivaz de los acontecimientos que desembocarían en la tragedia del 11 de septiembre de 1973.

La batalla de Chile II: El Golpe de Estado.- Entre marzo y septiembre de 1973, la izquierda y la derecha se enfrentan en la calle, en las fábricas, en los tribunales y en el parlamento. Allende trata de llegar a un acuerdo con las fuerzas del centro político –la Democracia Cristiana- sin conseguirlo. Los militares empiezan a planificar el golpe de estado en Valparaíso. Un amplio sector de la clase media apoya el boicot económico y político, creando un clima de guerra civil. Una semana antes del golpe de estado, un millón de simpatizantes se despide de Allende.

La Batalla de Chile III: El Poder Popular.- Es la única obra cinematográfica sobre el último año de gobierno del presidente Allende, filmada por un equipo de cineastas chilenos, testigos de los acontecimientos excepcionales que ninguna otra fuente de información pudo recoger. Fue posible filmar día a día una situación revolucionaria en el mismo momento de su desarrollo y fotografiar los métodos fascistas que el imperialismo y la burguesía utilizaron para derrocar al gobierno popular.