Yuri Gagarin: el primer hombre y otra victoria del socialismo

Memoria de la Revolución de Octubre: La Conquista Espacial

En linea con la asunción y reconocimiento que hacemos del socialismo, y en el marco del recuerdo al proceso revolucionario iniciado un Octubre de hace 100 años con los cañonazos del “Aurora”, recordamos hoy uno los momentos más emblemáticos y trascendentales de su historia: la Carrera Espacial.

La conquista del espacio por parte de un país que apenas 40 años antes transitaba penosamente por la superstición y el atraso típicos de las sociedades feudales, fue encarnada carismáticamente por el joven piloto ruso Yuri Gagarin, el primer ser humano que orbitó alrededor del planeta Tierra.

Contexto histórico

Tras el final de la Segunda Guerra Mundial el mundo queda, a grandes rasgos, dividido en dos grandes bloques antagónicos: el bloque capitalista y el bloque socialista. El enfrentamiento, más o menos manifiesto según el momento histórico, se da no solo en conflictos estrictamente bélicos (como la guerra de Corea o la llamada “crisis de los mísiles” de Cuba), sino en otros ámbitos más relacionados con el afán de demostrar una superioridad en el modo de organización social. Es el caso de la llamada Carrera Espacial que, si bien contenía ulteriores aplicaciones militares, constituyó un campo de batalla moral entre los dos órdenes socio-económicos dominantes.

Programa Sputnik: bip…bip

El 1 de octubre de 1957, Radio Moscú anuncia al pueblo soviético la frecuencia que deberían sintonizar sus receptores de radio para escuchar el sonido de un próximo objeto ruso en el espacio. Tres días después, una esfera metálica de solo 83 kg de peso orbitaba la Tierra emitiendo el “bip-bip” que se haría mundialmente famoso. La puesta en órbita del Sputnik (“Satélite” o “Compañero” en ruso), el primer satélite artificial de la historia, por parte de la URSS, supuso una bofetada al orgullo nacional estadounidense, una humillación internacional a la que se creía “nación más avanzada tecnológicamente del planeta”, y una demostración de lo que la sociedad comunista era capaz de conseguir en un tiempo récord.

Esto transcurre tan solo 3 años después de que el C.C. del PCUS y el Ministerio de Industria y Defensa de la URSS adoptaran oficialmente la decisión de poner en órbita un satélite científico con un misil balístico intercontinental modificado para tal uso: el R-7 Semiorka. Los cohetes Semiorka son, más de medio siglo después, los que posibilitan en la actualidad los lanzamientos de las naves tripuladas Soyuz con destino a la Estación Espacial Internacional.

Tras el primer Sputnik, de 1957 a 1967, el mundo asistió en plena Guerra Fría, logro tras logro y récord tras récord, a la Edad de Oro de la cosmonáutica soviética, una década de rápidos avances en el cosmos que superó, desbordándolos de forma abrumadora, los correspondientes intentos de emulación por parte de EEUU.

Yuri Gagarin

El hombre que estuvo en el cielo y era hijo de carpintero no nació en una ciudad del medio oriente, sino en el pequeño pueblo de Klushino, cerca de Gzhatsk, el 9 de marzo de 1934. Más tarde, Gzhatsk se renombró como Gagarin en su honor. Sus padres eran miembros del koljós y apasionados de la lectura. Durante la Segunda Guerra Mundial, el pueblo donde residía la familia Gagarin fue ocupado por el ejército nazi, requisando su casa para que sirviera de vivienda para un oficial alemán. Mientras, la familia Gagarin construyó una choza de barro para ocultarse durante casi dos años. hasta la expulsión de los nazis. Los dos hermanos mayores de Yuri fueron secuestrados y deportados a Alemania para usarlos como mano de obra esclava en 1943, de donde no pudieron regresar hasta el final de la guerra.

Yuri fue obrero metalúrgico hasta 1954, año en que se apunta en el aeroclub de la ciudad de Sarátov y aprende a pilotar un avión ligero. Su afición viene de la misma guerra, cuando un avión soviético fue derribado sobre su pueblo. Yuri y un compañero suyo, rescatan al piloto y lo mantienen oculto de los nazis hasta que otro piloto vino a buscarlo en su avión.

12 de abril de 1961: “¡Poyejali!”

Tras pasar un duro proceso de selección al que se presentaron varios pilotos, Yuri fue el elegido para llevar a cabo la hazaña de ser el primer ser humano que deja atrás nuestra cuna planetaria. Sus capacidades intelectuales, psicológicas y físicas lo convirtieron en el piloto ideal para dicho viaje. El miércoles 12 de abril de 1961, Yuri Gagarin, a bordo de una nave espacial Vostok1, se convierte en el primer ser humano en viajar al espacio.

Un instante antes del despegue de la nave, se escuchó a Yuri gritar “¡Poyejali!”, que se traduce como “¡Vámonos!”, expresión que se hizo popular en todo el mundo y que desde entonces se usa antes de iniciar algún trabajo o proyecto arriesgado.

El vuelo duró 108 minutos, durante los que realizó varios experimentos como comer, hablar por radio etc. Debido a un error en el sistema de frenado, no aterrizó en la región prevista en un principio. La campesina Anna Tajtárova, de un koljós cercano, y su nieta Rita, de seis años, fueron las primeras personas en encontrar a un extraño ser envuelto en un traje naranja y con las siglas CCCP bordadas en rojo. “¿Vienes del espacio?”, le preguntó la anciana. “Ciertamente, sí”, le responde Gagarin, “pero no se alarme, soy soviético”. Después, el reconocimiento internacional, la fama, los homenajes alrededor del mundo…

Lejos del tratamiento, al modo burgués-liberal, del “excepcional hombre que supera sus humildes orígenes campesinos y llega al espacio exterior”, Gagarin –y nosotros con él– se ve a sí mismo como un hijo de la Revolución. El hermoso producto de un proceso, este sí, excepcional.

Él mismo dice en su biografía al ser preguntado por un periodista extranjero por qué no descansaba y vivía de la fama obtenida: “¿Descansar? –repliqué– aquí en la Unión Soviética todos trabajan, y las personas célebres, Héroes de la Unión Soviética y del Trabajo Socialista, lo hacen con tanta o mayor dedicación. Son miles en el país, y procuran trabajar lo mejor posible, sirviendo de ejemplo a imitar por los demás.”